Tengo un amigo (pt I)

APAGÓN NACIONAL. ALERTA. EMERGENCIA. SOBRECARGA DE LOS SISTEMAS DE MANTENIMIENTO DE ENERGÍA. INVASIÓN EN LAS FRONTERAS MARÍTIMAS POR UN EQUIPO ARMADO NO IDENTIFICADO. INFILTRACIÓN EN LOS SISTEMAS INFORMÁTICOS DE COMUNICACIÓN. MISTERIOSA EMISIÓN DE ENERGÍA ELECTROMAGNÉTICA DE ALTA INTENSIDAD EN UN BREVE PERÍODO DE TIEMPO. MANTÉNGANSE EN SUS CASAS. MANTÉNGANSE EN SUS CASA. APAGÓN NACIONAL. ALERTA. EMERGENCIA.

Francis Bacon, Man in Blue VII, 1954, private collection. Source: Daily Magazine, “A Study of Loneliness and Isolation: The Man in Blue” By Zuzanna Stanska. Site: dailyartmagazine.com/man-in-blue-by-francis-bacon/

Se apaga el televisor, y todas las luces de la habitación, para tener a un departamente prácticamente vacío. Sin sonido, sin actividad, sin movimiento; todo aquello que estuvo conectado yacía desconectado, dejando por fuera a quien le ocupase.

— ¿Estoy vivo? — dice el joven, despertándose, tocándose la cabeza repetidas veces para verificar la ausencia de heridas — Estoy vivo.

Se levanta de la cama para asomarse por la ventana. No podían distinguirse los bordes de las cosas; en dónde empezaban y terminaban los edificios, los vehículos, invisibles para los transeúntes, de haber alguno. Una metrópoli convertida en una ciudad fantasma, ignorante de sus sucesos, sin música, ni conversaciones de fondo, como si todo se detuviese súbitamente a ese momento: Al silencio perpetuo.

Pero no podía evitar sentir una presencia en la habitación; de sentirse solo, que la soledad le era efectivamente una compañía; de hacer de la nada, de la ausencia de amor, de familia, un alguien, un algo, una extraña presencia en su hogar llamada “carencia de hogar”.

— ¿Eres tú, viejo? — decía — … Sé que puedes escucharme. Sé que estás ahí en algún lugar. Muéstrate de una vez y sácame de aquí.

Nada. Cero. El silencio se hacía más fuerte, atenuando incluso sus palabras, lentamente enmutándolas, recortando la reverberación, comprimiendo el eco a un extraño vacío atractor que chupaba lo que hubiese en la habitación.

— Estoy solo viejo. Sácame de aquí. No quiero esto… No quiero esta compañía.

Nada. Cero. El silecio se hacía aún más fuerte. Dejaba de escuchar incluso sus pensamientos, su mente se oscurecía y se llenaba de soledad. De ausencia de presencia. De presencia de ausencia. De gritos sombríos sollozando por ser reconocido, por ser apreciados, por ser mirados antes de desaparecer.

— Tengo un amigo — decía una extraña, profunda y anciana voz en su mente, que parecía sostener la boca del cerebro, que le halaba y le tensaba evitando la creación de nuevos pensamientos.

— ¡¿VIEJO?! — decía en sus últimos gritos — ¡TE NECESITO VIEJO!, ¡NECESITO TU AYUDA!

— Tengo un amigo… — decía…

«Tengo un amigo. Tengo a alguien aquí conmigo, por primera vez. Siempre tuve compañía, ¿sabes? Siempre hubo alguien allí. Pero extrañamente, era como si no estuvieran ‘ahí’, ¿me entiendes? Podía hablar y hablar por horas, Dios, no tienes idea de lo parlachín que puedo ser. Pero nadie escuchaba. La gente oía y oía, sin prestar atención a los detalles; sin prestar atención a lo realmente importante. Y cuando lo importante pasa desapercibido por mucho tiempo empiezas a cuestionarte, ¿estuvo realmente allí todo este tiempo?, ¿acaso estuve loco pensando que había algo importante en primer lugar?, ¿acaso soy una mala persona porque las cosas que aprecio no las aprecias tú?

»Tengo un amigo. Esta vez tengo un amigo. Esta vez tengo a alguien aquí conmigo. A alguien que no me hace sentir inseguro, a alguien quien no me hace odiarme. Tengo a alguien quien me ve por quien soy sin voltear la mirada. Tengo a alguien que me presta atención sin despistarse. Porque lo mejor que podemos darle a alguien es el presente. Lo mejor que podemos darle a alguien es la conexión, la llama, ese acercamiento mental, de interés, de unión. Esta vez tengo a alguien aquí conmigo. Esta vez tengo un amigo. Tengo un amigo. Soledad.

»¿Llorar? No, no, mi querido joven. Lo estás entendiendo todo al revés. ¡Celebrar! Oh, sí. Tengo un amigo. Porque es un peso terrible ser el inentendido. Porque es un punzante dolor el recuerdo de la ausencia que hace presencia en todo momento, agujereando tus entrañas, desangrándote lentamente hasta el colapso. Oh, sí. Tengo un amigo. Y ese amigo no eres tú.

»No eres tú, quien terrible con su desdicha, se queja de su soledad. No eres tú, quien vive en una burbuja incapaz de mirar al exterior, sino viendo su constante reflejo. No eres tú, basura, porque no necesito amigos como tú.

»Esta vez tengo a un amigo. No eres tú. No lo es nadie. Porque nadie nunca tiene a alguien. Porque ningún amigo se tiene al otro. Porque no somos medallas ni posesiones. Porque yo tengo mi vida y tú la tuya. No eres tú. No te necesito. Lárgate ya, que tengo un amigo. Soledad. Y no necesito a alguien como tú que me haga compañía, que me saque de mi paz, que me quite el desentendimiento. No hay porque llorar. ¡Celebrar! Tengo un amigo. Y no necesito a nadie más, con tener a nadie tengo todo».

— ¿Alguien necesita ayuda?

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No decidí poder tomar decisiones

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Cemantico

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No decidí poder tomar decisiones

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